INSTITUCIÓN
EDUCATIVA LUIS CARLOS GALÁN
DOCENTE: FRANCY
ENITH PEÑALOZA CASTAÑEDA
Área: Ética periodo segundo FECHA: mayo CURSO: 11
LA FAMILIA Y EL ESTADO UNA RELACIÓN A EXAMEN
Ítems a
tener en cuenta para la nota
1. Elaborar un ensayo respecto al tema. (mínimo 2 hojas), con todas las normas de presentación
2. Puntualidad en la entrega
3. Ponerle título al escrito
4. Sustentar en clase el trabajo.
5. Trabajo repetido se anula
Para
comprender las actuales
relaciones entre el Estado y la familia
y la forma en que aquél incide sobre ésta debemos analizar el proceso histórico
que dio origen a los diferentes modelos
familiares que hoy existen. Una serie de fenómenos sociales que se produjeron a
partir del siglo xv y culminaron con el
proceso de industrialización son el marco y el punto de referencia para
comprender las transformaciones que sufrió la familia medieval hasta dar origen
a la familia moderna. De ellos, cinco parecen cruciales.
En primer lugar, la
aparición del individuo como sujeto y protagonista de la actividad
económica, ya que puede poseer una propiedad de la que disponer libremente o puede vender
su fuerza de trabajo en el
mercado. Así, el individuo aparece dotado de
capacidad legal para entablar
diálogo con los poderes estatales.
Este individuo político y económico se convierte al mismo tiempo en un ser
subjetivo, con necesidades emotivas y racionales que debe buscar satisfacer.
En segundo lugar, se produce la recalificación de
un espacio social único en dos nuevos espacios:
el lugar de lo privado y el lugar de lo público.
Si bien ambos espacios ya existen,
la vida de la comunidad los enlazaba. Así, la familia cumplía funciones
sociales y políticas importantes, aunque poseía una dimensión privada. La industrialización va a diferenciar las actividades públicas de las
privadas, convirtiéndolas en dos ámbitos separados Revista de Sociología. En tercer lugar, la recalificación del
espacio económico -que a su vez supone la recalificación de la
familia- con la emergencia
de dos nuevos espacios: el de la producción de bienes y servicios y
el de la reproducción de la vida
y de las energías humanas. En
la familia se concentrarán las actividades de
reproducción y la prestación de ciertos servicios. El ámbito
económico público s e da
la esfera de la producción de
bienes y servicios.
En
cuarto lugar, la ordenación
del tiempo con una
división entre trabajo y ocio,
para lo que haga no es útil el calendario tradicional. El ocio, antes considerado
como la posibilidad de crear cultura, esparcimiento y vida personal, se
convierte en algo residual
y condenable. Se
eleva el valor
del trabajo, a partir del cual se
desarrolla una ética nueva. Así, las actividades productivas pasan a recibir
más prestigio social y surge
la contraposición entre ocio
y trabajo en la que se
deja poco lugar
al ocio, sancionando a quienes no están dispuestos a acatar la
moral laboral.
Finalmente, la
consolidación del Estado moderno
como ordenador de los
espacios emergentes. El Estado,
condensó algunas funciones reguladoras de la vida social. Pero, en la medida en que el proceso de
industrialización se consolida estas funciones se van ampliando, de modo que el Estado interviene
de una forma cada vez más activa en casi todos los ámbitos de la vida social.
Este proceso de transformaciones sociales conduce a
una serie de modificaciones de la familia. Para
analizar los cambios producidos es importante destacar cuatro
etapas, cada una de
las cuales genera nuevas demandas y nuevas formas de relación dentro de la
familia y entre ésta y
la sociedad.
a ) Siglos
xv al XVII: Marcan el paso del feudalismo al
mercantilismo. La familia amplia el alcance de su actividad productiva en la
medida en que además de bienes de uso genera mercancías. Existe una división
sexual del trabajo, pero tanto mujeres
como varones participan en la producción.
b ) Siglo
XVIII: Aparece la manufactura.
Mujeres, niños y varones salen de sus casas para integrarse en
la producción de mercancías en un lugar nuevo. La vida
de las personas queda reducida al tiempo de trabajo y la familia
es apenas el lugar de la reproducción
biológica.
c ) Siglo
XIX: La
fábrica. Supone un incremento de la productividad del
trabajo de tal
alcance que hace
inútil la participación de las
mujeres y los niños:
ellas vuelven a
casa y los
niños van a la
escuela. Este es justamente el momento en que
podemos hablar de un lugar de lo privado
v lo
público. El entorno de las
mujeres y los niños, la
afectividad, la reproducción de la fuerza de trabajo conciernen a lo privado;
el trabajo asalariado, las luchas políticas y sindicales, conciernen a
lo público.
d ) Siglo
xx: Las
mujeres hacen suyo el ideario de
los derechos individuales - Familia
y Estado: una relación
a examen inviduales y luchan
para que
se les hagan extensivos.
La primera guerra mundial actuar
como acelerador porque la incorporación de los
varones al frente permite a las mujeres acceder al trabajo asalariado y
a los servicios colectivos. En
el período entre
las dos guerras se produce un reflujo
en su participación laboral. No
obstante, la lucha de las mujeres reforzada por su incorporación a
la vida pública en los
momentos de guerra produce la modificación del
marco legal que ahora
reconoce que la mujer también es sujeto de derechos. En la
actualidad esta lucha toma el sentido
de que estos derechos legales se conviertan
en una realidad práctica. En los tres primeros momentos la fuerza motriz
hegemónica es de carácter estrictamente económico.
En el cuarto, correspondiente al siglo XX, el vector de cambio es la conciencia
personal de las mujeres. Éstas, impregnadas del ideario de la revolución
burguesa, luchan por conseguir el estatuto de
individuo. Es esto lo que produce
las transformaciones de la familia que podemos observar hoy en la mayoría
de las sociedades occidentales.
Hasta aquí
se han descrito los elementos sociales y políticos que configuran el
marco en el cual
se han
desarrollado los modelos
familiares que surgen en el
período histórico que va desde el mercantilismo hasta la época contemporánea.
Con las necesarias simplificaciones se puede hablar de tres modelos de familia: la feudal, la burguesa y la moderna.
La familia
feudal se caracterizaba por ser
amplia (incluía a
muchos parientes) y porque en
ella coincidían las funciones de
producción, reproducción y
consumo. La división del trabajo se basaba
en la edad y el sexo, aunque
todos los miembros
de la familia
participaban en las tareas productiva. El
concepto de niñez no existía tal
como se entiende hoy, pues no se
diferenciaba al niño del adolescente, salvo para considerarlo un adulto en
potencia, y la jerarquía estaba
claramente encarnada en los hombres más
viejos. Las familias
cumplían al mismo
tiempo funciones sociales de
importancia: en el caso de la
nobleza, las alianzas de poder eran familiares.
La familia burguesa
aparece en la .medida en que las
relaciones económicas y políticas
del feudalismo dan paso al
capitalismo. Al atenuarse los lazos
feudales y emerger el individuo, la familia
reduce los lazos de parentesco a los
cónyuges y sus hijos. Se convierte, al
mismo tiempo, en el sitio donde surge la privacidad definida en dos áreas:
la propiedad y el trabajo individual
privado por un lado,
y las relaciones personales privadas
entre sus miembros, por otro. En
términos ideológicos esto implicó la valoración de los atributos de disciplina,
orden y ahorro necesarios para la acumulación del capital. En términos
políticos implicó la demanda de democracia, entendida como
un derecho de los jefes
de familia. Al mismo tiempo
que se produce este cambio surge
el Estado que remplaza al
poder basado en el parentesco
y las alianzas familiares.
Al
comienzo, durante la
época mercantil, la familia burguesa
mantuvo la unidad entre producción
y reproducción. Los miembros de
la familia, los sirvientes y
aprendices, participaban en el proceso productivo bajo la autoridad paterna. La familia comienza a
diferenciarse del resto de la sociedad
cada vez más, al tiempo que se consolida el poder del
jefe de
familia.
Sin embargo, mantiene sus funciones económicas.
Pero con la aparición de las industrias y
el consecuente proceso
de industrialización, esta situación se modifica fundamentalmente. La
producción de bienes se traslada a las fábricas mientras que la familia se
convierte en el lugar donde se realizan las tareas de reproducción, las de afectividad y
las relaciones personales. Esta
separación de funciones se convierte en una división del trabajo por sexo: los
hombres salen a trabajar a las fábricas y las mujeres permanecen recluidas
en el hogar, dedicadas al trabajo
doméstico y al cuidado de los hijos. Esta división sexual del trabajo aparece
primero en la clase burguesa. Los campesinos,
convertidos en proletarios, viven
un proceso de desintegración aguda de la familia. Hombres, mujeres y niños participan del trabajo productivo en
las fábricas, con horarios extensos que no dejan tiempo libre para la vida
personal, familiar o el ocio. Pero, en la medida en que el capitalismo se
afirma y las organizaciones sindicales logran que aumenten
los salarios y disminuyan
las horas de trabajo, las mujeres de la clase obrera
retornan al hogar y el modelo de familia
burguesa se extiende a toda la sociedad.
Con la consolidación de la industrialización surge la familia moderna, que se caracteriza por la división
entre las tareas
de producción y
reproducción. La familia se convierte en
el lugar donde se realizan los servicios relacionados con la
reproducción y en el centro del consumo.
Se consolida, así, la división
entre el mundo público
y el privado.
La economía y la política
se convierten en actividades públicas, mientras que la reproducción, los
sentimientos y las relaciones personales
son actividades privadas que se desarrollan en el marco de la familia.
Durante el siglo XIX el Estado interviene por
primera vez en la familia. Se trata
de recomponer la familia feudal desarticulada y sustituirla por la familia burguesa, especialmente en lo que
se refiere a la
consolidación de la autoridad
paterna y sus rasgos patriarcales. El
Código Civil napoleónico, que sirve de modelo al de muchos otros países,
establece los papeles y funciones que los
miembros de la familia deben desempeñar, al mismo tiempo que señala claramente
la posición subordinada de las mujeres en ella.
Nos encontramos,
entonces, que en los países
industrializados o en vías de industrialización, se impone finalmente lo
que los sociólogos
han llamado Familia y
Estado: una relación
a examen denominado familia
moderna)>. Pero tras esta etiqueta se pueden distinguir
diferentes tipos y funciones familiares que responden a las formas de industrialización
y al tipo de Estado que estos países han desarrollado.
Un primer
tipo de familia moderna se caracteriza por una división rígida de los roles
sexuales y por su estructura decididamente patriarcal y
autoritaria. Los hombres
tienen acceso preferencial
al trabajo asalariado y
poseen derechos políticos y
sociales. El Estado les concede la
autoridad sobre los demás miembros de la familia a través de la
legislación y la práctica. Es el modelo autoritario, heredero directo de la
familia burguesa.
Un segundo tipo de familia moderna se caracteriza
por la misma división sexual del trabajo pero,
en este caso, las mujeres han adquirido los mismos derechos que el
hombre. Comparten la autoridad sobre los hijos,
que se hace menos rígida, y los
derechos sobre los bienes que la familia posee. Al mismo tiempo, se liberaliza
la concepción de las relaciones sexuales
entendidas, ya no es en su función
reproductiva, sino como parte de la relación afectiva entre los
cónyuges. El vinculo familiar ya
no es indisoluble, pues en la
medida en que se pone énfasis en la afectividad,
cuando ésta desaparece se puede optar
por el divorcio.
A este segundo tipo
de familia moderna la llamaremos familia democrática.
Ambos tipos de familia tienen en común la separación radical entre las actividades
masculinas y femeninas, dando origen a dos universos claramente diferenciados,
cada uno con su propia lógica de funcionamiento. Sin embargo, a diferencia de
lo que los sociólogos han tendido a afirmar, no es verdad que esta
separación implique que la familia
ha perdido funciones
económicas. En realidad,
en la familia se siguen produciendo los servicios que permiten la reproducción
de la fuerza de trabajo, tanto
la biológica (procreación y cuidado de hijos) como la cotidiana. Esta última presupone que en la
familia se realizan las actividades domésticas que
permiten reponer cada día las energías y
el acondicionamiento del trabajador.
Lo importante
es señalar que esta función
económica ya no es desempeñada por todos los miembros de la familia: se convierte en la actividad de
las mujeres. Son ellas, también, las depositarias de los sentimientos y
la afectividad. La implantación del capitalismo hizo surgir al individuo la necesidad
de relaciones personales y de la
subjetividad. Pero los valores de la sociedad
capitalista y su énfasis
en la competencia, la burocracia
y la impersonalidad, hacen que
esta subjetividad no pueda
desarrollarse mi s que en la familia.
La alienación exterior es compensada, así, por las relaciones familiares. Esta separación de los roles sexuales, masculinos
los de las actividades públicas y
femeninos los de las
privadas, produce dos tipos de personalidades diferenciadas. El hombre desarrolla sus
actividades en diferentes Revista
de Sociología esferas que exigen formas diferenciadas de comportamiento: es trabajador y ciudadano (público) y padre de familia. Las mujeres,
en cambio, son esposas, amas de casa y madres, tareas
todas desempeñadas en el hogar. Los valores y normas que orientan estas tareas son
diferentes: los roles desempeñados en el
mundo públic0 se caracterizan por la
eficiencia técnica y la impersonalidad;
los que se realizan en el seno de la familia por la afectividad y la falta de
control técnico, ya que las
mujeres pueden desempeñar las tareas domésticas
en la forma y con el ritmo
que más les convenga. Los hombres
desarrollan primero una personalidad moderna, es
decir, la capacidad de
adecuarse a distintas circunstancias sociales. Las mujeres
permanecen en una situación
doble, premoderna, pero vinculadas indirectamente al-mundo moderno. Se
generan así los dos universos señalados,
con lo que el ámbito social de los
hombres y el de las mujeres (y sus
personalidades) aparecen como polos
opuestos y complementarios. Hay,
finalmente, un tercer
tipo de familia moderna, la
familia igualitaria. En este
caso, la mujer se ha incorporado al trabajo
productivo asalariado, pero manteniendo las funciones de madre, esposa y ama de casa. Su implantación es más reciente
y se ha producido en las sociedades en que era necesaria la aportación de las
mujeres a la fuerza de trabajo. Se le
abren, por tanto, las puertas del mercado de trabajo, aunque sigue
siendo la responsable de las funciones familiares que ya poseía.
Se trata, entonces, de que la mujer ejecute una doble
jornada de trabajo. El calificativo
de <(igualitaria> hace referencia
al contexto ideológico
en que surge este tipo
de familia y no
a las consecuciones
en términos de igualdad
entre los dos sexos, pues sigue siendo la mujer la que
desempeña los servicios que se realizan en
la familia. Lo que
aparece como <(igual)> es la incorporación de la mujer a las
actividades económicas asalariadas. Sin embargo, estudios recientes muestran
que esta incorporación se
hace en términos absolutamente
desiguales: salarios inferiores para la misma tarea,
acceso a las ocupaciones que
tienen menor status
social y económico,
marginación de la política y de
las instituciones de poder e incapacidad de competir
debido a la existencia de la segunda jornada laboral. Por lo tanto, la denominación de
familia igualitaria hace referencia a los
supuestos del modelo y no a su realización. Analizaremos a continuación
a qué se debe esto.
Dos hechos del siglo xx van a
poner en cuestión el modelo autoritari0 de
familia que el Estado había sancionado en todos los países
capitalistas en el siglo XIX:
las dos guerras mundiales
y la existencia del movimiento sufragista,
primera versión del
feminismo. El sufragismo, al
exigir la extensión de los derechos ciudadanos a las mujeres, cuestiona
la reclusión de las mujeres en el
hogar. Algunos sectores
del sufragismo convirtieron la demanda por la abolición de la familia autoritaria en parte de sus reivindicaciones. - Familia y Estado: una relación
a examen. Estos movimientos
tuvieron especial importancia en los países
en que
el capitalismo había
ido de la mano
del liberalismo ideológico y político.
Así aparecía como inconsecuente con los presupuestos del liberalismo
la exclusión de las
mujeres de los derechos ciudadanos. Las sufragistas
mostraban que el Estado no podía tener dos normativas distintas, una para
los hombres y otra para las mujeres.
Las dos guerras mundiales forzaron, en la práctica,
a romper el modelo de separación absoluta de
los roles sexuales. La
incorporación masiva de los
hombres a la guerra hace necesario que las mujeres se incorporen a las fábricas,
desempeñando unas tareas que hasta el
momento se consideraban <masculinas)>.
Finalizadas las contiendas, las mujeres son devueltas al hogar.
Pero ya no
se les puede negar s derechos individuales. Es
así como entre la primera y la segunda
guerra mundial se concede el voto a
las mujeres en muchos
países, al mismo tiempo que se les permite acceder
a la educación superior y a los
trabajos remunerados. Estos derechos se extienden, al final de la segunda
guerra mundial, a todos los países democráticos.
Tenemos, así, la segunda intervención estatal que
termina con el modelo autoritario de
familia y lo suplanta por el
democrático. Esto, sin embargo, sucede en
los países en que el Estado
es laico, liberal y democrático.
No sucede
lo mismo
en los países en que la Iglesia
no se ha separado del Estado. Para todas las religiones, pero especialmente para la Iglesia Católica, el
modelo de familia autoritaria es consustancial con su ideología sobre la mujer
y su función social.
Esta segunda intervención estatal se produce en los países democráticos a partir del fin
de la primera guerra mundial y se
consolida después de la segunda. En los países de regímenes autoritarios o de influencia de la Iglesia
Católica (España e Italia, por ejemplo) el
proceso es mucho más tardío Junto con la legislación que concede derechos a las
mujeres, comienza un proceso
paralelo de incorporación a
la vida pública que
trae como consecuencia la aparición de la familia
igualitaria. Se produce entonces una nueva intervención por parte
del Estado para garantizar la participación
de las mujeres en la actividad económica, que se
hace más importante a partir
de 10s años sesenta y, en especial, a partir del Año
Internacional de la Mujer y los acuerdos firmados por los gobiernos en la
Convención de las Naciones Unidas (1975) para eliminar toda forma de discriminación
sexual.
La intervención del Estado para posibilitar la incorporación de las mujeres a las
actividades públicas responde, por un lado,
a las necesidades económicas
v sociales de mano de obra femenina en el
mercado laboral y, por otro, a la ideología de los grupos gobernantes. En el segundo caso se trata de
gobiernos que sostienen en sus programas que
deben eliminarse las diferencias
por razones de sexo, dando acceso
a las mujeres a las
acti- ctPapers,: Revista de Sociología
vida consideradas como <masculinas~~. Ya sea por una razón o por otra, el
Estado debe proveer a la
sociedad de los servicios que
eran desempeñados por las mujeres en la familia, para liberarla de ellos. Esta intervención tiende a generalizar y consolidar el modelo igualitario de familia.
Aunque se nota una tendencia en
este sentido en todos los
países industrializados, es en
10s países socialistas del Este y
aquellos con años de gobiernos socialdemócratas, donde el proceso se ha
desarrollado con más profundidad.
En los países socialistas del Este, la incorporación de las mujeres a la fuerza laboral era central para el desarrollo económico. Su ideología
sobre la igualdad entre
hombres y mujeres y
el énfasis en la
destrucción de la familia
burguesa hace que el Estado
asuma, o intente
asumir, las labores realizadas
por las mujeres en el hogar, de modo que
éstas puedan incorporarse a las fábricas. Se crean, así, servicios colectivos
que sustituyen, aunque parcialmente, el trabajo doméstico.
En los países socialdemócratas el desarrollo del
Estado benefactor produce la asunción
por parte del Estado de una serie de servicios antes producidos en
el hogar. Para desempeñar estos servicios se contrata a mujeres. Este proceso
adquiere importancia en los periodos de
expansión económica en los que el mercado requiere mano
de obra femenina. En los períodos de crisis económica, en cambio, se
reducen 10s servicios y se despide a las
mujeres. El Estado, en todo caso, ha desarrollado legislaciones y programas que permitan su plena incorporación
al trabajo asalariado.
A pesar de los logros
obtenidos en la
igualación de derechos
entre hombres y mujeres, la experiencia de estos países muestra que la
introducción de este tipo de familia
ha generado una serie de problemas.
En primer
lugar, en todas las sociedades
industriales el énfasis de la economía está en la
producción de bienes
y no en la
de servicios. Así, cuando el Estado asume los servicios lo hace
en forma impersonal, tecno critica,
burocratizada y de mala calidad. Esto tiende a deteriorar la calidad de la vida.
En
segundo lugar, aunque el
Estado puede asumir
los servicios que antes prestaban las
mujeres en la familia,
no puede asumir
los aspectos emocionales y afectivos de ésta. Las relaciones en el mundo
público, caracterizadas por la impersonalidad y
la racionalidad, son
compensadas en la familia por
relaciones personales.
Frente a la competitividad y alienación del mundo exterior, la familia
aparece como un refugio. Los mismos servicios prestados llevan este sello de
personalidad que se pierde cuando el Estado lo
asume.
Ahora bien, la incorporación de las mujeres al mundo público no pre supone la
revalorización de los servicios que ella prestaba en la familia. La valoración económica
y social sigue
dando prioridad a la
producción de Familia y
Estado: una relación a
examen. Las mujeres deben entonces soportar, por un
lado, la presión del
trabajo
asalariado y, por
otro, seguir siendo afectivas
en el hogar. Se las carga con una doble jornada de trabajo, pero, además, con un doble código de conducta: competitiva en el
trabajo externo y
afectiva en la familia.
Aunque en algunos casos el Estado ha intentado
posibilitar que los hombres participen
de las actividades domesticas,
sobre todo en lo que
concierne al cuidado de los niños, el no se ha traducido en la
práctica en la ruptura de las funciones
sexuales.
Esto produce frustración en los
miembros de la familia. E n una
sociedad patriarcal en la que los hombres son educados para asumir un modelo de conducta viril que, en última instancia, es
un modelo de
poder, las frustraciones que
éstos sufren en el trabajo, donde son
pocos los que pueden mandar, son
compensadas con las cuotas
de autoridad que detenta en la familia. Pero la familia igualitaria produce la rebelión de la
esposa y 10s hijos ante esta
autoridad, con lo que se acaba el
soporte del hombre trabajador. Al mismo
tiempo, la participación de la
mujer en el trabajo en condiciones de inferioridad produce
insatisfacción en las
mujeres, lo que,
sumado a la
doble carga de trabajo, se traduce en frustración y alienación y produce un incremento de la
violencia y los conflictos en el hogar.
Estos son s problemas que se analizan en los
artículos que se incluyen en este número de <(Papers)>. M. Jesús Izquierdo y Rita Liljestrom analizan
los problemas de la familia igualitaria en s países
del Este y en Suecia.
Laura Balbo estudia las situaciones que se presentan
cuando el Estado asume 10s
servicios y se produce una
crisis económica. Inés
Alberdi analiza las transformaciones legales que ha sufrido la familia española y la transición
de la familia autoritaria a
la familia democrática. Finalmente, se incluye una nota
acerca de la
oferta de servicios colectivos por
parte del Estado en
España para completar la información sobre el
tema.
Todos estos
trabajos 'muestran que no se han
modificado los componentes
patriarcales de la familia y la sociedad, que no se han podido revalorizar los servicios prestados
por la mujer en la familia y que se ha
producido una deshumanización de la
sociedad en conjunto. En este contexto, la familia igualitaria ha entrado también en crisis. Esta crisis y su
vinculación con la crisis del Estado es uno de los problemas contemporáneos
cuyo análisis parece importante desde
una perspectiva teórica y desde una
perspectiva política.
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