domingo, 15 de mayo de 2016

LA FAMILIA Y EL ESTADO



   INSTITUCIÓN EDUCATIVA LUIS CARLOS GALÁN 
    DOCENTE: FRANCY ENITH PEÑALOZA CASTAÑEDA

  Área: Ética periodo segundo  FECHA: mayo CURSO: 11



                           LA FAMILIA Y EL ESTADO  UNA RELACIÓN A EXAMEN  

Ítems a  tener en cuenta para la nota  

1. Elaborar un ensayo respecto al  tema. (mínimo 2 hojas), con todas las normas  de presentación  
2. Puntualidad en la entrega
3. Ponerle título al escrito
4. Sustentar en clase el trabajo.
5. Trabajo repetido se anula

Para  comprender las  actuales relaciones entre el Estado y  la familia y la forma en que aquél incide sobre ésta debemos analizar el proceso histórico que  dio origen a los diferentes modelos familiares que hoy existen. Una serie de fenómenos sociales que se produjeron a partir del siglo xv y culminaron  con el proceso de industrialización son el marco y el punto de referencia para comprender las transformaciones que sufrió la familia medieval hasta dar origen a la familia moderna. De ellos, cinco parecen cruciales.
En primer lugar, la  aparición del individuo como sujeto y protagonista de la  actividad  económica,  ya  que puede poseer  una propiedad de la  que disponer libremente o puede vender su  fuerza de  trabajo en el  mercado. Así,  el individuo  aparece dotado  de  capacidad legal para entablar  diálogo con los poderes  estatales. Este individuo político y económico se convierte al mismo tiempo en un ser subjetivo, con necesidades emotivas y racionales que debe buscar satisfacer.
En segundo lugar, se produce la recalificación de un espacio social único en dos nuevos espacios:  el lugar de lo  privado y  el lugar de lo  público.  Si bien ambos espacios ya  existen, la vida de la comunidad los enlazaba. Así, la familia cumplía funciones sociales y políticas importantes, aunque poseía una  dimensión privada. La  industrialización va  a diferenciar las actividades públicas de las privadas, convirtiéndolas en dos ámbitos separados Revista de Sociología.  En tercer lugar, la recalificación del espacio  económico -que  a su vez supone la  recalificación  de la  familia-  con la  emergencia  de  dos  nuevos espacios:  el de la producción de bienes y  servicios y  el de la reproducción de  la  vida  y  de  las  energías  humanas. En  la  familia  se concentrarán las actividades de reproducción  y  la prestación de ciertos servicios. El ámbito económico  público  s e da  la esfera de la  producción  de  bienes  y  servicios.
En  cuarto  lugar, la  ordenación  del tiempo  con  una  división  entre trabajo y ocio, para lo que haga no es útil el calendario tradicional. El ocio, antes considerado como la posibilidad de crear cultura, esparcimiento y vida personal,  se  convierte en  algo  residual  y  condenable.  Se  eleva  el  valor  del trabajo, a partir  del cual se desarrolla una ética nueva. Así, las actividades productivas pasan  a recibir  más  prestigio social y  surge  la  contraposición entre  ocio  y  trabajo en la  que se  deja  poco  lugar  al  ocio, sancionando  a quienes no están dispuestos a acatar la moral laboral.
Finalmente, la  consolidación del  Estado  moderno  como  ordenador  de los  espacios  emergentes. El Estado, condensó    algunas funciones reguladoras  de la vida social. Pero,  en la medida en que el proceso de industrialización se consolida estas funciones se van  ampliando, de modo que el Estado interviene de una forma cada vez más activa en casi todos los ámbitos de la  vida social.
Este proceso de transformaciones sociales conduce a una serie de modificaciones de la familia. Para  analizar los cambios producidos es importante destacar  cuatro  etapas,  cada  una  de las  cuales  genera nuevas demandas  y nuevas formas de relación dentro de la familia y  entre  ésta y  la sociedad.
a )   Siglos xv  al XVII:  Marcan el paso del feudalismo al mercantilismo. La familia amplia el alcance de su actividad productiva en la medida en que además de bienes de uso genera mercancías. Existe una división sexual del trabajo, pero  tanto mujeres como varones participan en la producción.
b )   Siglo XVIII:  Aparece la manufactura. Mujeres,  niños y  varones salen de sus casas para integrarse en la producción de mercancías en un lugar nuevo. La  vida  de las  personas  queda reducida  al tiempo de trabajo  y  la familia es  apenas el lugar de la reproducción biológica.
c )   Siglo XIX:  La  fábrica.  Supone un  incremento de la productividad del trabajo  de  tal  alcance  que  hace  inútil la  participación  de  las mujeres y  los  niños:  ellas  vuelven  a  casa  y  los  niños  van  a la  escuela.  Este  es justamente el momento  en  que podemos hablar de un lugar de lo  privado v  lo  público. El entorno  de las mujeres y  los  niños, la  afectividad, la reproducción de la fuerza de trabajo  conciernen a lo  privado;  el trabajo asalariado, las luchas políticas y sindicales, conciernen a lo público.
d )   Siglo xx:  Las  mujeres hacen  suyo el ideario de los  derechos individuales - Familia y  Estado:  una relación  a examen inviduales  y luchan para  que  se  les hagan  extensivos.  La  primera guerra mundial  actuar  como acelerador  porque  la incorporación de   los  varones al frente permite a las mujeres acceder al trabajo asalariado y a  los servicios colectivos.  En  el  período  entre  las  dos  guerras se produce un  reflujo  en su participación laboral. No  obstante, la lucha de las mujeres reforzada por su incorporación a la  vida pública  en  los momentos  de  guerra produce  la modificación  del  marco legal  que  ahora  reconoce  que  la mujer también es sujeto de derechos. En la actualidad esta lucha toma  el sentido de  que estos derechos legales se conviertan en una realidad práctica. En  los  tres primeros momentos la fuerza motriz hegemónica es  de  carácter estrictamente  económico.  En  el  cuarto, correspondiente al siglo  XX, el vector de cambio es la conciencia personal de las mujeres. Éstas, impregnadas del ideario de la revolución burguesa, luchan por conseguir el estatuto de  individuo. Es esto lo  que produce las transformaciones de la familia que podemos observar hoy  en la mayoría  de las sociedades occidentales.
Hasta aquí  se han descrito los elementos sociales y políticos que configuran  el  marco  en  el  cual se  han  desarrollado  los  modelos  familiares  que surgen en el período histórico que va desde el mercantilismo hasta la época contemporánea. Con las necesarias simplificaciones se puede hablar  de tres modelos de  familia: la feudal, la burguesa y la moderna.
La  familia feudal se  caracterizaba por  ser  amplia  (incluía  a  muchos parientes) y  porque  en  ella  coincidían las funciones  de  producción,  reproducción y consumo. La división del trabajo se basaba  en la edad y el sexo, aunque  todos  los  miembros  de  la  familia  participaban en  las  tareas productiva.  El  concepto de niñez  no  existía tal  como se entiende  hoy, pues no se diferenciaba al niño del adolescente, salvo para considerarlo un adulto en potencia, y la  jerarquía  estaba  claramente  encarnada  en  los  hombres más  viejos.  Las  familias  cumplían  al  mismo  tiempo  funciones  sociales de  importancia: en  el caso de la nobleza, las  alianzas de poder eran familiares.
La familia burguesa  aparece en la .medida en  que las relaciones económicas  y  políticas  del feudalismo dan  paso  al  capitalismo. Al  atenuarse los lazos feudales y emerger  el individuo, la familia reduce los lazos de parentesco  a los cónyuges y sus hijos.  Se convierte, al mismo tiempo, en el sitio donde surge la privacidad definida en  dos áreas:  la propiedad y  el trabajo individual privado  por un  lado,  y  las relaciones personales  privadas  entre sus miembros, por  otro. En términos ideológicos esto implicó la valoración de los atributos de disciplina, orden y ahorro necesarios para la acumulación del capital. En términos políticos implicó la demanda de democracia, entendida  como  un  derecho  de  los  jefes  de familia. Al  mismo  tiempo  que se produce este cambio surge  el Estado  que remplaza al poder  basado  en  el parentesco y las alianzas familiares.
Al  comienzo,  durante  la  época mercantil, la familia burguesa  mantuvo la unidad  entre  producción  y  reproducción. Los miembros  de  la  familia, los  sirvientes y  aprendices, participaban  en  el proceso productivo bajo  la autoridad paterna. La familia comienza a diferenciarse del resto de la sociedad  cada vez  más,  al tiempo que se consolida el poder del jefe  de  familia.
Sin embargo, mantiene sus funciones económicas. Pero con la  aparición de las  industrias y  el  consecuente  proceso  de industrialización, esta situación se modifica fundamentalmente. La producción de bienes se traslada a las fábricas mientras que la familia se convierte en el lugar donde se realizan las tareas de reproducción, las de  afectividad y  las relaciones personales.  Esta separación de funciones se convierte en una división del trabajo por sexo: los hombres salen a trabajar a las fábricas y las mujeres permanecen recluidas en  el hogar, dedicadas al trabajo doméstico y al cuidado de los hijos. Esta división sexual del trabajo aparece primero en la  clase burguesa. Los campesinos, convertidos en  proletarios, viven un  proceso de desintegración  aguda de la familia. Hombres, mujeres y  niños participan del trabajo productivo en las fábricas, con horarios extensos que no dejan tiempo libre para la vida personal, familiar o el ocio. Pero, en la medida en que el capitalismo se afirma y las organizaciones sindicales logran que  aumenten  los salarios y  disminuyan las  horas  de trabajo, las mujeres de la clase obrera retornan  al hogar y el modelo de familia burguesa se extiende a toda la sociedad.
Con  la  consolidación de la  industrialización surge  la familia moderna, que se  caracteriza por la  división  entre  las  tareas  de  producción  y  reproducción. La familia se convierte en  el lugar donde se realizan los servicios relacionados con la reproducción y  en el centro del consumo. Se consolida, así,  la  división  entre el  mundo  público  y  el  privado.  La  economía  y  la política se convierten en actividades públicas, mientras que la reproducción, los sentimientos y  las relaciones personales son actividades privadas que se desarrollan en el marco de la familia.
Durante el siglo XIX el Estado interviene por primera vez  en la familia. Se  trata  de recomponer la familia feudal desarticulada  y sustituirla por la familia burguesa,  especialmente en  lo  que se refiere  a  la  consolidación de la  autoridad paterna y  sus rasgos patriarcales. El Código Civil napoleónico, que sirve de modelo al de muchos otros países, establece los papeles y  funciones que los miembros de la familia deben desempeñar, al mismo tiempo que señala claramente la posición subordinada de las mujeres en ella.
Nos  encontramos, entonces,  que  en  los  países  industrializados o  en vías  de industrialización, se  impone finalmente  lo  que  los  sociólogos  han llamado Familia y  Estado:  una  relación  a  examen denominado familia moderna)>. Pero  tras  esta etiqueta se pueden  distinguir  diferentes tipos y funciones familiares que responden a las formas de industrialización y al tipo de Estado que estos países han desarrollado.

Un  primer tipo de familia moderna se caracteriza por una división rígida  de  los  roles  sexuales  y  por su estructura decididamente patriarcal y autoritaria.  Los  hombres  tienen  acceso  preferencial  al  trabajo  asalariado y  poseen derechos políticos y  sociales. El Estado  les  concede la  autoridad sobre los demás miembros de la familia a través de la legislación y la práctica. Es el modelo autoritario, heredero directo de la familia burguesa.
Un segundo tipo de familia moderna se caracteriza por la misma división sexual del trabajo pero,  en este caso, las mujeres han adquirido los mismos derechos  que  el hombre. Comparten la autoridad sobre  los  hijos,  que se hace menos rígida, y  los derechos sobre los bienes que la familia posee. Al mismo tiempo, se liberaliza la  concepción de las relaciones sexuales entendidas, ya  no es en su función reproductiva, sino como parte de la relación afectiva  entre los  cónyuges. El vinculo familiar ya  no  es indisoluble, pues en la medida en que se pone énfasis en la  afectividad, cuando ésta desaparece  se puede  optar  por  el  divorcio.  A  este segundo  tipo  de  familia  moderna la llamaremos familia democrática.
Ambos tipos de familia tienen en  común la separación radical entre las actividades masculinas y femeninas, dando origen a dos universos claramente diferenciados, cada uno con su propia lógica de funcionamiento. Sin embargo, a diferencia de lo  que los sociólogos han tendido a afirmar,  no es verdad que  esta  separación  implique que la  familia  ha  perdido  funciones  económicas.  En  realidad,  en la  familia se  siguen produciendo los  servicios que permiten la  reproducción  de la fuerza de  trabajo,  tanto  la  biológica  (procreación y cuidado de hijos) como la  cotidiana. Esta última presupone que en  la  familia se realizan  las  actividades domésticas  que  permiten reponer cada día las energías y  el acondicionamiento del trabajador.
Lo importante  es señalar  que esta función económica ya  no es desempeñada por  todos los miembros  de la familia:  se convierte en la  actividad de  las mujeres. Son ellas, también, las depositarias de los sentimientos y la afectividad. La implantación del capitalismo hizo surgir al individuo la necesidad de relaciones personales y  de la subjetividad. Pero los valores de  la sociedad capitalista y  su  énfasis  en la  competencia, la  burocracia  y  la  impersonalidad, hacen  que  esta subjetividad no  pueda desarrollarse mi s   que en la familia. La  alienación exterior  es compensada, así, por las relaciones  familiares. Esta  separación de los roles sexuales, masculinos los  de las actividades públicas  y  femeninos  los  de las  privadas, produce dos  tipos  de personalidades diferenciadas. El  hombre desarrolla  sus  actividades  en  diferentes  Revista  de  Sociología esferas que  exigen formas diferenciadas de  comportamiento: es  trabajador y ciudadano (público)  y padre de familia. Las  mujeres,  en  cambio,  son esposas, amas de casa y madres, tareas todas desempeñadas en el hogar. Los valores y normas  que orientan estas tareas son diferentes:  los roles desempeñados  en  el mundo públic0 se  caracterizan por  la  eficiencia técnica  y la impersonalidad; los que se realizan en el seno de la familia por la afectividad y la falta  de  control  técnico,  ya  que  las  mujeres pueden  desempeñar las tareas  domésticas  en la forma y  con  el ritmo  que más  les convenga. Los hombres desarrollan primero  una  personalidad moderna,  es  decir, la  capacidad  de  adecuarse  a distintas  circunstancias sociales. Las  mujeres  permanecen  en una situación doble, premoderna, pero vinculadas indirectamente al-mundo moderno. Se generan  así los dos universos señalados, con lo que el  ámbito social de los hombres y  el de las mujeres (y sus personalidades) aparecen como polos  opuestos y complementarios. Hay,  finalmente,  un  tercer  tipo  de familia  moderna, la  familia  igualitaria. En este caso, la mujer se ha  incorporado al trabajo productivo asalariado, pero manteniendo las funciones de madre, esposa y  ama de casa. Su implantación es más reciente y se ha producido en las sociedades en que era necesaria la aportación de las mujeres  a la fuerza de trabajo.  Se le  abren, por  tanto, las  puertas del mercado de trabajo, aunque sigue siendo la responsable  de las  funciones familiares que ya  poseía.  Se  trata,  entonces, de que la mujer ejecute una doble jornada  de trabajo. El calificativo de  <(igualitaria> hace  referencia  al  contexto  ideológico  en que surge  este  tipo  de familia  y  no  a  las  consecuciones  en términos  de  igualdad  entre los dos sexos, pues sigue siendo la mujer  la que  desempeña  los servicios que se realizan  en  la  familia. Lo  que  aparece  como  <(igual)> es  la incorporación de la mujer a las actividades económicas asalariadas. Sin embargo, estudios recientes muestran que esta  incorporación  se  hace  en términos  absolutamente  desiguales: salarios inferiores para la misma  tarea,  acceso  a las ocupaciones  que  tienen  menor  status  social  y  económico,  marginación de  la política y de las  instituciones de poder e  incapacidad de  competir  debido a la existencia de la segunda jornada  laboral. Por lo tanto, la denominación de familia igualitaria hace referencia  a los supuestos del modelo  y no  a su realización. Analizaremos a continuación a qué se debe esto.
Dos hechos del siglo xx  van  a poner en  cuestión el modelo autoritari0 de familia  que el Estado  había sancionado en  todos  los  países  capitalistas en el siglo XIX:   las dos  guerras  mundiales  y la  existencia del movimiento sufragista, primera  versión  del  feminismo.  El sufragismo,  al  exigir  la  extensión de los  derechos ciudadanos a las mujeres, cuestiona la reclusión de las mujeres  en  el  hogar.  Algunos  sectores  del  sufragismo  convirtieron la demanda por la  abolición de la familia autoritaria  en parte de sus reivindicaciones.  - Familia y Estado: una  relación  a  examen. Estos  movimientos  tuvieron  especial  importancia en  los  países en  que  el  capitalismo  había  ido  de la  mano  del liberalismo ideológico  y político. Así aparecía como inconsecuente con  los  presupuestos del  liberalismo  la  exclusión  de  las mujeres  de  los  derechos  ciudadanos. Las  sufragistas  mostraban que el Estado no podía tener dos normativas distintas, una para los hombres y otra para las mujeres.
Las dos guerras mundiales forzaron, en la práctica, a romper el modelo de  separación  absoluta de  los  roles  sexuales. La  incorporación masiva  de los hombres a la guerra hace necesario que las mujeres se incorporen a las fábricas, desempeñando unas  tareas que hasta el momento se consideraban <masculinas)>.  Finalizadas las contiendas, las mujeres son devueltas al hogar.
Pero ya  no se les puede negar s derechos individuales. Es  así  como entre la primera y  la segunda  guerra mundial se  concede  el voto a  las mujeres en muchos  países,  al mismo  tiempo que se les permite  acceder  a la  educación superior y a los trabajos remunerados. Estos derechos se extienden, al final de la segunda guerra mundial, a todos los países democráticos.
Tenemos, así, la segunda intervención estatal que termina con el modelo autoritario  de familia y lo suplanta por  el democrático. Esto, sin  embargo,  sucede en  los países  en  que el Estado  es  laico, liberal y democrático.
No  sucede lo  mismo  en los países  en que la Iglesia no se ha separado del Estado.  Para  todas las religiones, pero  especialmente para la Iglesia Católica, el modelo de familia autoritaria es consustancial con su ideología sobre la mujer y su  función social.
Esta segunda intervención estatal se produce  en los países democráticos a partir  del fin  de la primera guerra mundial y se  consolida después de la segunda. En los países de regímenes  autoritarios o de influencia de la Iglesia Católica (España e Italia, por  ejemplo) el proceso es mucho más  tardío Junto  con la legislación que concede derechos  a  las mujeres,  comienza  un proceso  paralelo  de incorporación a la  vida pública  que  trae  como  consecuencia la aparición de la familia igualitaria. Se produce entonces una nueva intervención por  parte  del  Estado  para garantizar la  participación  de  las mujeres en  la  actividad  económica, que  se  hace  más  importante a partir
de 10s años sesenta y, en especial, a partir del Año Internacional de la Mujer y los acuerdos firmados por los gobiernos en la Convención de las Naciones Unidas (1975) para eliminar toda forma de discriminación sexual.
La intervención del Estado para  posibilitar la incorporación de las mujeres  a  las actividades  públicas  responde, por un  lado,  a  las necesidades económicas v  sociales de mano  de obra femenina  en  el mercado laboral y, por  otro,  a la ideología de los  grupos gobernantes. En  el segundo caso se trata  de  gobiernos  que sostienen  en sus programas  que  deben  eliminarse las diferencias por  razones de sexo, dando  acceso  a las mujeres  a  las  acti- ctPapers,:  Revista  de  Sociología vida  consideradas como <masculinas~~.  Ya sea por una razón o por  otra, el  Estado  debe  proveer a la  sociedad de  los  servicios que  eran  desempeñados  por las mujeres  en la familia,  para liberarla de ellos. Esta  intervención tiende a generalizar y  consolidar el modelo igualitario de familia. Aunque se nota una  tendencia  en  este sentido  en  todos los  países  industrializados, es en 10s países socialistas del Este y  aquellos con años de gobiernos socialdemócratas, donde el proceso se ha desarrollado con más profundidad.
En los países socialistas del Este,  la incorporación  de las mujeres  a la fuerza laboral era central para  el desarrollo económico.  Su  ideología sobre la  igualdad  entre  hombres y  mujeres  y  el  énfasis  en la  destrucción  de la familia burguesa  hace  que el Estado  asuma,  o  intente  asumir, las  labores realizadas por las mujeres en el hogar, de  modo que éstas puedan incorporarse a las fábricas. Se crean, así, servicios colectivos que sustituyen, aunque parcialmente, el trabajo doméstico.
En los países socialdemócratas el desarrollo del Estado benefactor produce la  asunción por  parte del Estado  de una serie de servicios antes producidos en el hogar. Para desempeñar estos servicios se contrata a mujeres. Este proceso adquiere importancia en los periodos  de expansión económica en  los  que el mercado requiere  mano  de obra  femenina.  En  los  períodos de crisis económica, en cambio, se reducen 10s servicios y se despide  a las mujeres. El Estado, en todo caso, ha desarrollado legislaciones y  programas que permitan su plena incorporación al trabajo asalariado.
A  pesar  de  los  logros  obtenidos  en  la  igualación  de  derechos  entre hombres y mujeres, la experiencia de estos países muestra que la introducción de  este tipo de familia ha  generado una serie de problemas.
En  primer lugar, en todas  las sociedades industriales el  énfasis  de la economía  está en la  producción  de  bienes  y  no  en la  de  servicios.  Así, cuando el Estado  asume los servicios lo  hace  en forma impersonal,  tecno critica, burocratizada y  de mala  calidad. Esto tiende a deteriorar la calidad de  la vida.
En  segundo  lugar, aunque  el  Estado  puede  asumir  los  servicios  que antes prestaban  las  mujeres  en  la  familia,  no  puede  asumir  los  aspectos emocionales y  afectivos de ésta. Las relaciones en el mundo público, caracterizadas por la impersonalidad y  la  racionalidad,  son  compensadas en  la familia  por  relaciones personales.  Frente  a la competitividad y  alienación del mundo exterior, la familia aparece como un refugio. Los mismos servicios prestados llevan este sello de personalidad que se pierde cuando el Estado lo  asume.
Ahora bien, la incorporación de las mujeres  al mundo público no pre supone la revalorización de los servicios que ella prestaba en la familia. La valoración  económica  y  social  sigue  dando prioridad  a  la  producción  de Familia  y  Estado:  una  relación  a  examen. Las mujeres  deben  entonces soportar, por  un  lado, la  presión  del
trabajo  asalariado  y,  por  otro, seguir  siendo  afectivas  en  el hogar.  Se las carga con una doble jornada  de trabajo, pero,  además, con un doble código de  conducta: competitiva en  el  trabajo  externo  y  afectiva  en  la familia.
Aunque en algunos casos el Estado ha intentado posibilitar que los hombres participen  de  las actividades  domesticas,  sobre  todo  en  lo  que  concierne al cuidado de los niños, el no se ha traducido en la práctica  en la ruptura de las funciones sexuales.
Esto produce frustración  en los  miembros de la familia. E n  una sociedad patriarcal en la que los hombres son educados para  asumir un modelo de  conducta viril que, en última instancia,  es  un  modelo  de  poder,  las frustraciones que éstos sufren en  el trabajo, donde son pocos  los que pueden  mandar, son  compensadas con  las  cuotas  de   autoridad  que detenta en la familia. Pero  la familia igualitaria produce  la rebelión de  la  esposa y 10s hijos  ante esta autoridad, con lo que se acaba  el soporte del hombre trabajador. Al mismo  tiempo, la participación  de la mujer en  el trabajo  en condiciones de inferioridad  produce  insatisfacción  en  las  mujeres, lo  que,
sumado  a la doble carga de trabajo, se traduce en frustración y  alienación y produce un incremento de la violencia y los  conflictos en  el hogar.
Estos son s problemas que se analizan en los artículos que se incluyen en este número de <(Papers)>.  M. Jesús Izquierdo y Rita Liljestrom analizan los  problemas  de la familia igualitaria en  s países  del Este  y  en Suecia.
Laura Balbo estudia las situaciones que se presentan cuando el Estado  asume  10s  servicios y se produce una  crisis  económica.  Inés  Alberdi  analiza las  transformaciones legales  que ha sufrido la familia española y  la transición  de la familia  autoritaria a la  familia democrática.  Finalmente, se incluye  una nota  acerca  de  la  oferta  de  servicios colectivos  por  parte  del Estado  en  España  para completar la  información sobre  el  tema.
Todos  estos trabajos 'muestran  que no  se han  modificado  los  componentes  patriarcales de la familia y la sociedad, que no se han  podido revalorizar los servicios prestados por la mujer  en la familia y que se ha producido una  deshumanización de la sociedad en conjunto. En este contexto, la familia igualitaria ha  entrado también en crisis. Esta crisis y su vinculación con la crisis del Estado es uno de los problemas contemporáneos cuyo análisis parece importante  desde una perspectiva  teórica y  desde una  perspectiva  política.

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